Poema : Ramón Cué Romano
Ambientación:
En el nombre del Padre del hijo y del Espíritu Santo, un único Dios, Madre de todos y todas elevamos nuestra oración solidarizándonos con las personas que están en pobreza participando con ellas en sus luchas por sus derechos, identidad y dignidad en especial por aquellos que tienen tan poco, que no pueden ocuparse en otra labor que no sea la de conseguir alimentos, muchas veces en nuestra propia iglesia, comunidades pastorales, barrios o en la sociedad en general. Amén
Reflexión:
Lucas 15:1-3, 11b-32
Hermanos/as, si tenemos la oportunidad de leer el texto completo de Lucas 15 : 1/ 32 disfrutaremos grandemente, la gratificación de recibir, muy buenas noticias, al comprender en las tres parábolas la certeza , de que la divinidad, no hace acepción de personas Hch.10/34 , que todxs somos importantes, en tanto aceptemos al Padre en nuestras vidas, del mismo modo a su hijo Jesús, como el camino, la verdad y la vida, tendremos entonces, las promesas de ser hijos e hijas de Dios y de alcanzar la vida eterna. Con relación a la parábola del hijo prodigo voy a tratar de brindar otro enfoque, porque se puede correr, el riesgo de ser utilizado para señalar y hacer juicios de valor.
Quiero aclarar que , por nuestra condición sexual, no tenemos que sentirnos como hijas o hijos pródigos, o no merecedoras, porque hay personas ,que decidimos caminar junto a la Divinidad, sin ser discriminadas(os) pero existen otros casos, en especial el de las personas trans, que por una serie de circunstancias, les ha ocasionado, el alejarse de Dios, porque como dice, el Cristo Roto del padre Ramón Cue, hoy no tienen rostro, porque les han quitado su dignidad, como también sus derechos, ni manos porque les han eliminado las oportunidades de trabajo y de estudio, ni pies porque les han cerrado los caminos , para vivir dignamente. Por tanto muchas de estas personas, existen en un mundo violento, sufrido, alejadas de una Divinidad, donde ni siquiera intentan regresar a la casa del Padre, porque no le conocen, por cuanto las iglesias, les niegan la ocasión de conocerle, o les han enseñado a un Padre violento, discriminador, castigador ,que es mejor no acercársele.
¿Por qué pasa esto? Porque en el mundo, las élites, la política, como la religión han creado por décadas, pensamientos de muerte, de odio, con ideologías como, la eugenesia, el sionismo, los fundamentalismos religiosos, el fascismo, el ku klux klan entre otras, que alentado por las mega iglesias, de Estados Unidos, bajan a sus sucursales en Latinoamérica, enseñando a su feligresía de base, un Dios modelado a su manera , que no el que Jesús enseño, aquel, que viene a reunir a los más vulnerables, en una mesa comunitaria , hospitalaria, que él le llama… su Reino.
Un Padre Abba, que enseña a perdonar setenta veces siete, que es amor puro , que corrige más que castigar y un Jesús crucificado, por divulgar el mensaje,” que debemos amarnos, unxs a otrxs” y no armarse unxs a otrxs, esto hace la diferencia , forma un principio reflexivo, de compromiso de una eclesiología femenina o de la liberación, en buscar e indentificar las formas en que la Divinidad actúa para incluir a las personas, que la sociedad , como la religión, las han dejado despojados, de justicia, hospitalidad, dignidad y con tanta falta de esperanza ,en especial en estos tiempos de odio, de persecución, días… en que se hace evidente la amenaza del resurgimiento del fascismo.
Oremos para que muchas de las personas de diversidad sexual y trans, en tanto nos han arrebatado nuestro derecho espiritual, podamos, como hijos e hijas pródigos, volver hacia un Padre de amor, cuando lo lleguemos a conocer, con la seguridad, que nos va a recibir, con los brazos abiertos, aunque nuestros hermanos religiosos, se enfaden, como lo hizo, el hermano del hijo prodigo, bendiciones.
Ayuno:
Ayuno de realizar juicios de valor, ni opinar sobre temas si no me lo piden.
Ayunamos de realizar juicios de valor y de opinar sobre temas si no se nos pide.
Compromiso:
Nos comprometemos a perdonar y orar por nuestros oponentes. Perdonarnos por las veces que con nuestros prejuicios juzgamos a los demás y por las veces que miramos con indiferencia el sufrimiento ajeno.
AUTORA:
Revda. Alexa Araya Salazar, Costa Rica.
Bachiller en teología de la Escuela Ecuménica de la Universidad Nacional de Costa Rica. Fue profesora de música entre 1993 y 2005 y actualmente es pastora laica de la Comunidad Trans-formando de la Iglesia Luterana Costarricense.
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